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lunes, 27 de abril de 2009

"¿Te gustaría borrar los malos recuerdos?

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Y al ACABAR escuchar esto

Me has tragado y minuto y medio después, dejaste de recordar la expresión de tu cara.

La puerta de tu casa, la existencia de humanos, animales o bebidas isotónicas, las margaritas, el significado del pastel amarillo y redondo que se instala en el cielo por las noches, las teorías y las dietas, las renovaciones graduales, la forma de los cuerpos y las manos, el olor a cansancio, las caras de tiburón, la forma estridente y sinuosa de las llaves, las ventanas, los colores, el pico de las aves y las mesas, el orgullo sobornable, el significado de las miradas brumosas y cómplices y de las pícaras y las cansadas o las tristes, el funcionamiento de la lavadora sueca, incluso las formas de los países, las divisiones de tierra, la mescalina, lo útil y lo noble, la dentera que te daba la piel de las orugas, la belleza suntuosa, la sensación de despedida, la col, la función de las paredes y muros o las pistolas, el amor como forma de prejuicio, los maniquís, el vómito, las aguas mansas, la angustia que producen los anuncios de pañales, el hilo de las historias, los decorados, la función exacta de las prendas de ropa, la obesidad, le melancolía, la mediocridad y el destino, el compendio completo de tus desastres sexuales, las sonrisas de preocupación, la falta de sospecha, las profesiones, el inusual y pequeño tamaño de los niños, la voz cansada de los ídolos, las mentes demasiado despejadas, incluso las formas geométricas, los puentes y las castas; Podía decirse que dejaste de ser consciente de cualquier existencia inherente o no al orden caótico del universo. Y si, sentí tu alivio.

Sara Paz,

La Croaca, 27 de abril de 2009


sábado, 10 de enero de 2009

Cambio climático: ¿Responsable de la extinción de sapos y ranas?


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Léelo:
*Escuchando esto si eres anfibio: Requiem
*Escuchando esto si no lo eres: Primavera

Me colocaron cuatro hombres rubios y uno moreno, una mañana nublada tras viajar trescientos kilómetros. Nunca supe muy bien donde estaba aunque por el tamaño de los troncos hubiese jurado que muy al norte, puede que en Estonia o Laponia o en algún bosque caduco de Alaska. En toda mi vida hasta que me llevaron de nuevo, -a este vertedero de hierros usados-, sólo subieron mis peldaños tres almas, un malabarista Húngaro agarrado a una maleta sucia y un niño, de unos seis o siete, que solía pasar tardes enteras en la cima. Si que era curioso ese niño, con sus pantalones roídos y sus calcetines blancos. Creo que arriba, sentado entre las hojas mojadas, hablaba siempre con un sapo enorme, el tercero que acostumbraba a subirme, gordo y viscoso, la versión desagradable de un príncipe enfermo. El niño subía siempre a las doce, una hora antes de que llegase el sapo, quien jugaba a escuchar paciente historias de indios y duendes, mientras el niño le metía una paja para intentar inflarlo. También corrían y se escondían y saltaban en un pequeño charco que se formaba en invierno con el rocío ¡Qué feliz me bajaba el niño!, de dos en dos, detrás del sapo. Eso hasta que pasó aquello tan horrible, la imagen mismísima de la desgracia, de tanto jugar a inflarse el sapo acabó explotando, verde y grumoso en la cara del niño. A mi para aquella época ya se me habían roto diez peldaños, así que me sacaron de allí dos días y dos noches más tarde, las mismas que pasó el niño llorándole al sapo, con la cara aún verde y grumosa, de tanto jugar a correr y a inflarlo.
Foto de termopilasyotras
La croaca, 10 de enero de 2009
Sally Hayes

lunes, 1 de septiembre de 2008

Lituania sigue sin compensaciones tras 15 años de fin de ocupación soviética

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Léelo escuchando esto

Cuando en 1940 el abuelo de Robertas pasaba por el 71 de Vytautas Prospectus uno de los 230.000 soldados soviéticos que caminaban por las calles de Kaunas le agarró de ambas manos y le empujó contra una pared calada. Tirado por una soga entrelazada con nudos rusos, el soldado condujo al hombre hasta una plaza cercana, inmensa, ante ellos, una iglesia esbelta y blanca sériale único testigo. El anciano, de rostro risueño, pómulos duros y enormes ojos azules, concentró su mirada en una casa amarilla. Su sangre pronto salpicó la inmaculada pared de la iglesia.


La croaca lituana, 1 de septiembre de 2008


Sally Hayes


martes, 1 de julio de 2008

¿Qué clase de peinado es ése?

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Léela tirándote de los pelos

Soy un bote de Laca marcaWella, fabricado en las afueras de Berlín. A mi llegada a Irán en un convoy de hierro y madera me han secuestrado y encerrado en un sótano hosco y estrecho. Por favor, si esta carta que he mandado camuflada en una caja de jabones de Avon llega a manos de alguien, pidan auxilio internacional, llamen a mi embajada o vengan a por nosotras. Por las noches ya hemos oído a botes de gomina gritar. Gracias.


La Croaca, 1 de junio de 2008

Sally Hayes

sábado, 21 de junio de 2008

Un estudiante se enfrenta a 38 años de cárcel por falsificar sus notas por Internet

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Hoy no lo leas, míralo





Sally Hayes

La Croaca 21 de junio de 2008

viernes, 13 de junio de 2008

Subasta de maletas perdidas en Santiago de Chile



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Lee tras escuchar Santiago de Chile

Me hicieron en un bajo de la Calle Las Condes, era siete de agosto en Santiago de Chile. Benjamín el cojo, un mejicano zapatero y zapatista, me colocó en su escaparate, delante de un odre a rebosar de aceite. No tardaron en llevarme, un hombre, Matías Zermeño, quien me tuvo veinte años sobre la rinconera del salón. Un 7 de agosto del 39 el hijo de Zermeño, Zermeño menor, agarró con furia mis asas y me llenó, casi a explotar, de jerséis estampados y calcetines de lana. Viajé a Italia y a Francia, también a Holanda y a Bélgica, siempre metido en camarotes inmundos donde a duras penas conciliaba el sueño.Los días y las olas me llevaron a Berlín, era entonces el 45, y fue allí donde Zermeño me abandonó a mi suerte, al este de un muro de polvo en una tienducha donde se vendían también latas de atún.
60 años después, cuando estaba ya convencida de mi irremediable condena al olvido, unas manos más bien robustas, atadas a un cuerpo chileno, tiraron de mis asas cansadas y acabaron por sacarme de un golpe a la acera. Ellas me llevaron de vuelta por Italia y por Francia, por Holanda y por Bélgica, llegué a los Polos y también a la India, hasta que una mañana de mayo, un avión en clase turista me llevó de vuelta a Santiago.
Allí conocieron a Sofía, una joven radiante a la que esmerándose amaban cada noche , como el músico que tañe las cuerdas de una guitarra. Duró la pasión unos años, ambos se adoraban de forma imposible, hasta que ella se fugó, un tiempo más tarde, con un malabarista húngaro. Tardó el artero poco en dejarla, ella me llevó consigo, acabamos en un burdel de Buenos Aires, gimiendo cada madrugada con agónicos quejidos.
Una noche al sacar sus medias, encontró ella en mi funda un cuaderno alemán de hule que con letra de mano firme, repetía en sus trescientas páginas Sofía. Sofía. Sofía. No pudo aguantar el dolor por lo que no fue pero pudo haber sido y me envió, en el camarote de un bimotor argentino, rumbo a Chile, sin dirección, ni siquiera con una nota de aviso.


La Croaca, 13 de junio de 2008

Sally Hayes.

jueves, 5 de junio de 2008

Ban Ki-moon: "Las políticas alimentarias no deben empobrecer al vecino"

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Léalo escuchando el Requiem de Mozart



Yo era un colchón blanco y de látex, marca King Rest, fabricado en Maine. El 3 de abril del 88 me trasladaron, nuevo y flamante, desde la planta baja de la fábrica, directo a la Gran Manzana. Viví desde entonces en la habitación más grande del 4 de la Avenida St. Michael, aunque mis compañeros, un somier –medida 90- y una mesita de roble, me recibieron sin excesos y nunca me dirigieron palabra.

Big George o así me acostumbré a llamarlo, llegó aquella misma tarde. Vestía un conjunto azul y comía una hamburguesa Big-mac-gigante que chorreaba mostaza dulce. Big George tenía entonces 6 años, y no fue hasta 20 después, tras las mañanas sobresaltadas de viscosa adolescencia, las revistas que guardaba hábil bajo mi vientre y alguna que otra mujer, me atrevería a decir que siempre pagada, cuando Big George decidió dejar el techo paterno y me empujó, sin miramientos, desde el cuarto piso. Dormí aquella noche a la intemperie, hasta que un camión verde y blanco me recogió habiendo amanecido.

Días de viaje más tarde –juraría hasta que fueron meses-, aparecí en una casa de El arce, una aldea mejicana de unos 2oo habitantes. “El servicio de recogida de muebles” –así lo llamaba la madre, siempre agradeciéndole a los “gringos”, y a aquella cruz de madera-, me había llevado a aquel lugar, desde mi hogar en la Avenida St. Michael, para que me instalase, esta vez no tan nuevo y flamante, entre las paredes caladas de un cuarto sin ventanas.

El pequeño Jorge o así me acostumbré a llamarlo, llegó aquella misma mañana. Vestía una camiseta gigante y se metía constantemente los dedos en la boca. El pequeño Jorge tenía entonces 6 años y no fue hasta el mes siguiente, una madrugada de junio, tras los sollozos de las noches, los sudores congelados y el incesante canto de las tripas, cuando el pequeño Jorge decidió dejar el techo paterno.

Le empujaron, encerrado en una caja blanca, a un socavón del suelo infértil mientras la madre, sin tenerse en pie, me destrozaba a palazos y gritaba horrorizada ¡malditos gringos! e insultaba, ya sin aliento, a aquella cruz de madera.

S.Hayes

La Croaca, 5 de junio de 2008

miércoles, 28 de mayo de 2008

"Venezuela lanza un satélite para expandir el socialismo"

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Léalo escuchando Alma llanera


Hoy dijo Hugo, ese hombre gordo y sesudo que vive allá arriba de la subida, donde la Casona, al sur del Aeropuerto Francisco, dijo con su papada rolliza, que había construido un satélite – con el nombre de Simón Bolívar-, que lanzaría directamente desde la China, es bien tarado este Hugo, si en realidad a nadie le gusta demasiado, ni a los vecinos siquiera, hasta hay algunos que lo llaman demonio, Dios les ayude eso está feo, aunque si que es verdad que allá por la Casona huele a veces a azufre pero eso es porque Hugo es un tarado y la verdad es que ahora a la gente le dio por decir que lo del espacio es un gasto tonto, que tendría que ponerse a otra cosa, pero Hugo se defiende, qué se creen, dijo que la máquina costará sólo 241 millones de dólares, con lo que yo, María Frías, me compraría 120.000.000.000 de antibióticos para mi pierna, que está enferma desde que me mordió aquel sapo cuaima, ai Dios mío, menos mal que servirá la máquina esa para expandir el socialismo, y qué contento estaría Bolívar, bien orgulloso estaría de Hugo, del satélite y de que a mi me doliese la pierna, que aquí lo que decimos es que lo que mande Hugo está bien hecho, que lo importante, sabemos todos, es mandar cohetes arriba, a expandir el socialismo.

Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos” Simón Bolívar.


Sally Hayes o María Frías.


La Croaca, 28 de mayo, 2008.

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